Sandro Botticelli nació como Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi, en Florencia en el año 1444 o 1445. Poco se sabe sobre la infancia de Botticelli. Se dedicó a la profesión de orfebre, aprendiendo a principio de su hermano, aunque alrededor de 1461 o 1462, dejó definitivamente los metales para comenzar a estudiar pintura. Botticelli fue discípulo de Filipo Lippi, artista florentino, conocido por la belleza de las madonnas que pintaba. Esta característica sería determinante en la influencia ejercida sobre su discípulo. Botticelli, sería más adelante profesor de uno de los hijos de Lippi, que llegó a alcanzar también un gran prestigio. El primer trabajo de Botticelli fue encomendado en 1470, cuando tenía cerca de 26 años. Se trataba de pintar una figura de la Fortaleza para integrar una serie de siete virtudes que servirían para adornar la Cámara de Consejo de Mercaderes. La estrella de Botticelli brilló hasta 1480. Pero, en la década siguiente, su prestigio comenzó a declinar. En 1502, llegó a ser acusado de homosexualidad: un crimen en aquella época. Más, por falta de pruebas, fue absuelto. Su resistencia a cambiar de estilo, en un tiempo en el que ya comenzaba a predominar el arte realizado por Miguel Ángel y Leonardo Da Vinci, lo llevó hasta el olvido. Botticelli murió solitario en Mayo de 1510. Su fama fue enterrada junto con él, en una sepultura que quedó sin lápida. Una obra que fue resucitada en el siglo XIX, cuando los artistas ingleses de la Hermandad Prerafaelista redescubrieron la obra del pintor florentino. Desde entonces, volvió a ser considerado como una maestro de la más alta magnitud.
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